"After years of waiting..."
Así comienza Packt Like Sardines in a Crushd Tiny Box, de Radiohead.
Ayer, domingo 8 de mayo de 2016 fue un día lluvioso. Quizá no suene espectacular, pero cuando vives en el sur de España, un día lluvioso es espectacular. Eran las 17:45, y en una hora aproximádamente había quedado con mi pareja para ir al museo Picasso. Antes de salir me asomé por la ventana y miré al cielo. Tenía pinta de que me iba a pillar el aguacero, y así fue, pero dio igual. Cuando vives en Málaga la lluvia es tan escasa que cuando se te presenta solo puedes darle la bienvenida con los brazos abiertos. Así que me puse los zapatos, me abroché la camisa, me enfundé la chaqueta, cogí el paraguas y salí de mi casa.
Normalmente cuando cojo el ascensor tengo la siempre dura decisión de qué disco escuchar por el camino, pero ese día sabía qué disco escuchar exáctamente. Saqué el MP4 y puse Amnesiac, de Radiohead. ¿Por qué ese disco? pues porque a los días lluviosos han de acompañarle discos tristes, y eso es una verdad universal. Pero no solo era por eso. Resulta que el domingo 8 de mayo Radiohead sacaba nuevo disco, y eso es un evento único. No sacaban disco desde 2011, y esta banda es muy especial para mí. Si hubiese escuchado otro disco ese día habría sido como traicionar a un amigo, o como faltar el respeto a uno de tus mayores. Además, Amnesiac se creó con la triste y gris imagen de la Londres lluviosa, así que pensé que no podía haber mejor escenario ni música que le acompañase.
Efectivamente, me cayó la de dios. Se me empaparon los zapatos enteritos, y mis pies sentían un frío digno de cualquier invierno. Los pantalones también se llevaron su buena ración de agua, hasta las rodillas prácticamente, pero me daba igual. Presencié la casi inexistente actividad de la ciudad en un domingo lluvioso, sutilmente contrariada por el frenetismo del que dota a una escena la lluvia intensa. Caminaba feliz, cantando y pensando la alegría que puede traer a veces algo tan simple como un cambio en el clima.
Al rato llegó mi novia, y fuimos juntos hacia el museo. En esa exposición había un cuadro en particular, Mural, de Jackson Pollock, y ese era el que íbamos a ver. Yo nunca he sido un apasionado del arte, para qué voy a mentir, pero el hecho de ver un cuadro histórico y único debería emocionar a cualquiera. El museo estaba hasta arriba, olía a humedad y había más gente rara de la que podría contar, pero aun así me encantó. Contemplar aquel cuadro tan inmenso, con sus colores formando una batalla por ver cuál se alza entre el laberíntico caos que representaban los trazados, más bien salpicados en el lienzo es algo digno de ver. Pero como he dicho, no entiendo de arte, así que el análisis del cuadro se lo dejo a aquellos que sí. Huelga decir que me impresionó y que disfruté mucho de su presencia. Yo y mi pareja nos dimos un pequeño paseo por lo que quedaba de museo mientras le explicaba el porqué True Love Waits de Radiohead nunca ha tenido versión de estudio, solo en directo, y nos fuimos. El resto fue una sucesión de paseos bajo la lluvia, manos agarradas, empujones a traición e intentos de que a la otra persona le cayesen gotas en la cara. Yo, al menos, lo conseguí.
Esos momentos se sintieron especiales. Pasear bajo la lluvia con una persona que aprecias te une un poco a ella. Te apretujas, intentas mantener el calor, o si tienes la suficiente confianza, te mojas por ella. Así fue ese oscuro domingo. Y juntos paseamos y nos despedimos con la tristeza que solo puede transmitir un adiós y un día gris. Cogí el bus y me encaminé hacia casa. Me ahorraré los detalles de las miradas filosóficas a través del cristal con las gotas cayendo por éste, pero volver al resguardo de un asiento también es placentero.
Llegué al hogar y me dispuse a escuchar el nuevo disco de Radiohead, A Moon Shaped Pool, el cual había salido mientras estaba fuera. Ordené las canciones, les puse su correspondiente portada en buena calidad y le di al play. Fue como encontrarse con un viejo amigo al que esperas ver desde hace años, y abrazarlo. Como ser consciente de la tristeza que implica no haber sabido tanto del otro en cinco años, y de las historias que hay por contar. Conforme sonaban las canciones me iba poniendo más y más triste... no porque estuviese yo triste en sí, si no por la melancolía que acompañaba a la música. El grandísimo Thom Yorke (cantante de la banda) se divorció amigablemente en verano de 2015 de su amada mujer después de 23 años juntos. Podías palpar la tristeza del pobre hombre conforme cada frase sonaba, acompañada por una música que pocas veces he visto emparejarse tan bien con un sentimiento y el sonido de una voz. Y mientras sonaba la canción final, True Love Waits, te dabas cuenta de la grandeza de un día tan triste y a la vez bonito. Me gustaría explicar que True Love Waits fue una canción que Radiohead grabó en 1995 y a la que jamás ha dado versión de estudio, hasta este disco. ¿Por qué? podría haber muchas teorías, pero la más sensata sería que Thom Yorke ha sentido la necesidad de hacer oficial esa canción después de la evidente ruptura de su amor. Y creo que no hay mejor razón para grabarla que esa.
Así que, mientras la lluvia caía fuera y yo estaba tirado en mi cama, solo con la luz de la lampara de la mesita de noche encendida, decidí darle otra vez al play y escucharlo de nuevo. Quería reencontrarme con ese amigo, y recordar los paseos bajo la lluvia, el increíble cuadro de Jackson Pollock y el cómo un domingo gris, frío y lluvioso fue uno de los mejores de mi vida.
Burn the Witch suena, y yo cierro los ojos...

No hay comentarios:
Publicar un comentario